La
planta del té rojo es una planta perenne. Pero,
aunque tiene hojas durante todo el año, su recolección
se concentra entre la primavera y el otoño. Esta
recolección se puede hacer manual o mecánicamente.
Se
suele considerar que la calidad del té es mayor
cuanto mayor sea la altitud de la plantación. Así
mismo, se suelen preferir los brotes y las hojas de los
extremos de los tallos. Una vez recogidas, la calidad
se determina de esta manera: en primer lugar las hojas
enteras, después las rotas, y por último
las hojas pulverizadas. Éstas últimas suelen
ser las destinadas a la venta en bolsitas. Además,
se considera mucho más valiosa la recolección
a mano, ya que la mecánica inevitablemente rompe
las hojas, empeorando la calidad del té obtenido.
Una
vez recogidas, las hojas comienzan a sufrir un proceso
de fermentación que va cambiando su color y propiedades.
Las hojas completamente fermentadas adquieren un color
oscuro y dan lugar al té negro. Mediante un proceso
de calentamiento de las hojas se puede evitar el proceso
de oxidación, Logrando un té no fermentado
que es el té verde. Sin embargo, las hojas de más
pureza, que no han fermentado ni necesitan del retardo
artificial de su fermentación, son los brotes recogidos
antes de que se abra la hoja, y de los que se obtiene
el té blanco. Se dice que los brotes de mayor calidad
son los recogidos antes del amanecer.
La
elaboración del té rojo se encuentra a medio
camino entre la del verde y la del negro, después
de un proceso de maduración sus hojas grandes son
comprimidas y se almacenan durante años en condiciones
muy concretas, aunque no se ha revelado su secreto se
sabe que se almacena en cavernas donde se guarda en barricas
durante mas de 30 años.